Una vez más, en su intento de
reciclar los clásicos de animación en películas de carne y hueso (o más bien de
píxel y croma), Disney estrenó el pasado mes una nueva adaptación de la obra
salvaje de Rudyard Kipling, El libro de la selva, con los mismos
personajes y canciones que en su versión de 1964, pero con matices más oscuros.
