Inés París, guionista y directora
de películas como A mi madre le gustan
las mujeres (2001) o Semen, una
historia de amor (2005), nos brinda en esta ocasión una comedia de tono
negro, más cercana a las obras de teatro en los que los personajes salen y
entran en escena cuando les place.
QUÉ CUENTA: Una familia de cineastas se reúne para llevar a cabo su próxima película. Ángel (Eduard Fernández), el guionista, y Susana (María Pujalte), la directora, tratan de convencer al actor Diego Peretti de que la protagonice. Éstos desconfían de las dotes interpretativas de Isabel (Belén Rueda), esposa de Ángel, quien denuncia su falta de trabajo a medida que va envejeciendo. Pero la reunión se verá interrumpida por el ex marido de Isabel, Carlos (Fele Martínez), que llega a la casa de Ángel con su nueva novia, una joven y atractiva actriz.
La noche que mi madre mató a mi padre cuenta con un reparto de
categoría y una vis cómica fresca, que tarda en irrumpir pero cuando llega,
pone de manifiesto las mejores tablas de sus personajes. ¿Dudas si ir a verla?
Aquí tienes tres claves por las que deberías darle una oportunidad.
1. Más allá de Los Serrano
Significa el regreso a la comedia
de Belén Rueda, quien la abandonó prácticamente por completo desde que salió de
la serie de televisión Los Serrano
(D. Écija, A. Pina, 2003) y quien no ha dejado de intervenir en dramas y
thrillers cinematográficos hasta el momento. Podría considerarse la
protagonista de la obra si no fuese porque se trata de una historia coral
donde, quien más y quien menos, cada uno recibe su momento de gloria. Rueda
convence en su papel de actriz entrada en años y se proclama como pieza
esencial de este tinglado de una sola noche.
2. Un reparto envidiable
Por su parte, Diego Peretti – que
no Ricardo Darín -, Fele Martínez, María Pujalte y Eduard Fernández conquistan pasito a pasito
al espectador, recorriendo un largo trayecto que comienza desde la desesperanza
de un primer acto forzado que roza el absurdo hasta la carcajada final, lo que
tiene el doble de mérito. Ya quisieran los Ocho
apellidos vascos. Hasta Patricia Montero, vista en series de televisión y
la gran “novata” entre estos tremendos actores, consigue ponerse a la altura gracias a su
relevancia en el guión y algún que otro diálogo en estado de gracia.
3. El factor sorpresa
Su frescura no hubiera sido
posible sin ese giro de la trama que, aún siendo previsible, ofrece instantes
memorables. Desde esa vuelta de tuerca la historia consigue alcanzar el surrealismo
de sus personajes, algo sobreactuados hasta ese momento. La película recuerda a
algunas obras de teatro (y sus adaptaciones) como Tres sombreros de copa (F. Delgado, 1966)o Un dios salvaje (R. Polanski, 2011), pero pasa de largo ante un
posible mensaje moral para centrarse en la plena distracción. Acuérdense de
esta crítica cuando dentro de unos años vean la representación teatral en los
carteles de su barrio.
Te gustará si…
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Te gustan las historias de un escenario y líos
de puertas.
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Te gustan las interpretaciones de María Pujalte.
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A veces piensas que un medio sí justifica el
fin.
Imágenes de La noche que mi madre mató a mi padre